El Árbol Caído
EL ÁRBOL CAÍDO


A ratos siento que por cada árbol caído
un niño pierde su cuna;
una enamorada pareja su cama.
Un anciano su ataúd.
Y siento que no quedan violines
ni guitarras para cantar;
que el viento pierde sus ramas
y el sol sus laberintos, donde pueden jugar.
Y siento
que los frutos no maduran su dulzor de verano.
Y siento que el olor
que deja al caer el árbol
huele a tumba, huele a sal.

Al silencio de trinos
le sigue el rugir del trueno
que se abalanza sin freno
sobre la tierra desprotegida.
No queda amor, no queda vida,
ante el dolor de un árbol caído.

No existen justificativos
ante el crimen cometido.

Y seguirán los soles y seguirán las lunas,
mas un ruidoso nido
de tibias plumas nunca más alumbrarán.